domingo, 2 de octubre de 2011

Papillon: "Odio todo sobre tí"

Soy Lady Lola. En primer lugar, me gustaría diculparme por no haber escrito en mucho tiempo, me habría gustado hacerlo pero han surgido una serie de inconvenientes que me estoy apresurando en solucionar. En segundo lugar, quiero dar las gracias a todas aquellas personas que, en espera de nuevas entradas, se han interesado por el avance de mis historias y me han instado a que siga escribiendo, como en el caso de mi querida Jazmín: "como no escribas en tu blog, ¡me suicido!". Sois muy especiales para mí, y todo lo que escribo es para vosotros.
En tercer lugar quiero presentar a un nuevo personaje, Vitruvio, (que es mejor que Le Corbusier), un gran arquitecto capaz de construir magia en las ramas de los árboles, de imaginar edificios que harían que el castillo más espectacular se avergonzara al verlos, y de dibujar la casa más maravillosa en un tiket de compra. Gracias por seguir mis historias, Vitruvio, me encantó aquel helado en Salamanca.
Y ahora siento una imperiosa necesidad de escribir un Papillon que nadie va a entender excepto una minoría de personas que estaban conmigo aquella noche. Y aún así puede que ellos tampoco lo entiendan. Va dedicado a cierto personaje y a un lobo.

Empecé octubre tranquila, con sombras al rededor de la noche del 30, los ojos hinchados fijos en un bizcocho de la mesa de la cocina.  Con voz ahogada y estrangulada por la congestión que habría querido ser capaz de tragarme, le explico a mi madre la noche de ayer, en frases simples en las que intento ocultar lo que de verdad pasó, pero sin embargo tengo la sensación de que lo sabe cuando esboza su sonrisa satisfactoria de "lo sabía". Me escapo de allí en cuanto se da la vuelta para seguir colocando cojines.
Desayuno y no lloro, tengo la cabeza muy vacía o demasiado llena. Recuerdo a Bella cuando no hay luna.
Ayer. Concierto. La sospecha se escondía como un lobo de sueño ligero durmiendo dentro de mí.  Podía, despertar, y sabía que cuando lo hiciera me comería por dentro.
Con un "¿se lo decimos?" el lobo se incorporó y observó con los ojos rojos la superficie de mármol descascarillada y temblorosa.
Con un "nos ha dicho..." el lobo se agazapa y se estira para saltar hacia ella. Yo ya me imaginaba el mordisco.
Y con el número "doce"
todo se rompe. El lobo salta y destroza el mármol con sólo rozarlo. Trocitos de cristal suben por mi garganta pero hago que bajen riéndome de una broma insensible. Sé que no pueden estar en mi cuello, que tendrán que subir de nuevo, pero me los dejo de collar y les explico lo del mármol con un patético intento de sonrisa.
Los funambulistas y su odiosa boina empiezan a cantar y yo salto, con las cuatro miradas rubias del viaje de fin de curso fijas en mi nuca y en el corto de mi vestido.

Y todo esto, por Adele, otra vez. "Alguien como tú"...

En el mundo genial de las cosas que dices me rindo, y los cristales se caen. Manos de dedos largos y de pretenciosa calidez tratan de alcanzarme y creen que lo consiguen, me doy por enterada y pienso en él.
En las motas de color dorado en mitad del azul de su mirada, en la palabra "enamorando" escrita en letra diminuta en la pantalla del móvil, en mi sueño de mentira, en las preguntas que le hacía cada vez que sentía al lobo, y en sus respuestas. "¿Si dejaras de quererme me lo dirías?"

"¿Pero cómo voy a dejar de quererte?"

Golpes sordos y en silencio de los focos violetas y verdes sobre mis brazos, la oscuridad retumbante y bruta del concierto que se mezcla con el rímel corrido y los volantes del vestido, que más tarde con Jazmín no serían volantes, serían flecos...
Mis uñas pintadas al fondo. "¡Nos vamos!", y tenía miedo de encontrarLE, con alguna que no fuera yo entre miles de botellas solas y tristes en el suelo, apoyadas en las rodillas de algún desconsolado que se agarra la cabeza. No le ví.
En mi casa, bajo las sábanas, lloro y niegas haberme mentido, porque nunca me dijiste que yo fuera la única.
"Y te quiero, joder".
Leí aquella frase tantas veces que cuando cierro los ojos aparecen las letras recortadas contra la pantalla. No se cuántas veces voy a prometerme no creerte,
y no se cuántas voy a frustrarme en el intento de querer "odiar todo sobre tí".



4 comentarios:

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  3. La escena es como sigue: Cher se va a casar con Vincent Gardenia, éste, a su vez, tiene un hermano con el que no se habla desde hace años, Nicolas Cage, y le pide un favor a Cher, un favor muy personal, que hable con su hermano (Nicolas) y le convenza para que asista a la boda y, con ello, se arregle una situación de años. Cher, no de buen agrado, consiente en charlar con Nicolas y después de tres encuentros intensos con él, sucede lo que todo el mundo espera que suceda, se enamora perdidamente de él. Sin embargo, la voluntad de ella es inquebrantable y decide dejar de verle. Nicolas Cage le pide un último favor a Cher, tiene dos pasiones: una la ópera, otra ella, por eso le pide que vaya con él a la ópera y cene por última vez antes de que se case con su hermano Vincent. Cher accede y antes de terminar la noche, delante de la casa de Nicolas, éste le dice a ella lo siguiente y con ello obra el milagro:
    "Vamos arriba. No me importa lo que ocurra. No, no es eso lo que quiero decir. Loreta: te quiero. El amor no es como nos lo contaron. Yo tampoco lo sabía, pero el amor no hace que todo sea hermoso, lo echa todo a perder, te parte el corazón, lía todas las cosas. No, no estamos aquí para hacer que todo sea perfecto.Los copos de nieve son perfectos. Las estrellas son perfectas. Nosotros no, nosotros no. Estamos aquí para echarnos a perder y, y... para partirnos el corazón y para amar a la gente que se equivoca y para morir; ¡sí, los libros de historia son mentira! Y ahora, ¿quieres subir conmigo y meterte en mi cama?"

    Por cierto, la peli es "Hechizo de Luna". altamente recomendable. Un beso enorme.

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  4. Quisiera evitártelo, éste y cualquier otro dolor, pero ahí están, te han alcanzado y sólo puedo mirar impotente cómo te atacan y duplicar tu sufrimiento con el mío y esperar, y observar cómo te alejas de mi vida por la tuya que ya se abre ante tí, y admirar cómo te vas curtiendo y notar que ya eres fuerte.

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