viernes, 12 de agosto de 2011

Primera historia: secretos. Soledad

"3 de Junio.
Ayer no vino. La frente me palpitaba en el lugar donde me había besado por última vez antes de dormirme, y una angustia me invadía por dentro. Mi amigo era la única razón por la que me levantaba tan feliz por la mañana... ¿y si no volvía?
Hacía tiempo que no utilizaba mi cajita de sueños. Es una cajita de porcelana violeta, en forma de corazón, con perlas en los bordes. Cada vez que tengo un sueño que quiera recordar, lo escribo en una nota y la guardo ahí. Anoche tuve un sueño extraño, de modo que volví a utilizarla después de mucho tiempo. Aunque me costó recordarlo casi todo el día, ahora que es por la tarde finalmente me acuerdo de todo. Soñé lo siguiente:


Estaba sola en mi habitación. Sola, ni si quiera acompañada por las hadas o por D. Yo tenía frío... estaba sentada en el suelo, abrazándome las rodillas, mirando la ventana abierta. El cielo tenía un color añil demasiado oscuro para ser real, y estaba salpicado de incontables estrellas, como gotas de pintura plateada. Había una más brillante que las demás. Me pregunté si sería la estrella que llevaría a Nunca Jamás, esa de la que Peter habla a Wendy tantas veces... recuerdo que en el sueño no me moví del suelo, pero pronto me di cuenta de que lo que yo había creído estrellas, en realidad eran las letras que mi amigo había subrayado con tinta plateada en su librito de poesía antes de dármelo. I, o, c, t... me miraban desde el cielo, mareándome... recuerdo que traté de levantarme, pero por alguna razón no pude, y seguí abrazada a mis rodillas mientras contemplaba la estrella más grande. Y justo antes de despertarme sobresaltada y confundida, vi cómo la estrella se distorsionaba hasta dibujar la silueta de mi amigo, y de su espalda, recortadas contra el oscuro cielo de la noche, se desplegaban unas preciosas alas blancas y brillantes.
No sé que pudo significar. Cuando me desperté de golpe, aún era de noche. El corazón me martilleaba en el pecho mientras conseguía rescatar trocitos de mi sueño de la confusión que se adueñaba de mi memoria, poco a poco... pero en aquel momento sólo podía recordar la angustia de estar sola y las letras plateadas brillando en el cielo que yo había confundido con estrellas. De modo que cogí un trozo de papel de uno de mis cuadernos y escribí: "Estoy sola. Sólo recuerdo las letras... las letras." Estaba segura de que cuando lo volviera a leer, esas palabras me transmitirían exactamente la misma sensación que acababa de tener al despertarme y que me ayudarían a recordar mi sueño con más detalle. Guardé el papel doblado en mi cajita de sueños, que durante años había estado vacía, y traté de dormirme, pero la sensación de soledad que había sentido en mi sueño aún me perseguía.
Ya que él no estaba conmigo para comprenderme, pensé que un libro si lo haría, y dirigiéndome a la estantería cerré los ojos y dejé que mis dedos escogieran un libro al azar. Saqué La princesa Prometida, uno de mis favoritos. Miré su portada en la semi oscuridad de la habitación, implorándole que me comprendiera, y tras coger mi bolígrafo dorado, me senté en la cama. Respiré hondo y lo abrí al azar, recordando lo bien que funcionó con Peter Pan y rogando para que sucediera lo mismo.
Mi mirada se clavó en el último párrafo de la página 219, interrumpido, que continuaba en la siguiente.
" Prosiguió así, rezando en silencio hora tras hora; no había hecho otra cosa durante las últimas treinta y ocho noches, y cada vez su ardor era más profundo, sus pensamientos se hacían más y más puros. Westley, Westley. Atravesando los siete mares para ir en su busca".
Una intensa alegría me recorrió por dentro. Cogí una rosa de la corona que me hicieron las hadas y la prensé entre esas páginas. Buttercup también buscaba a alguien... alguien a quien amaba.
La realidad me golpeó y ardió en mi interior. En el fondo lo sabía desde el primer momento, pero no me di cuenta hasta entonces. Tratando de averiguar si sólo me lo había imaginado, subrayé ese párrafo y traté de buscar otro que aclarara mi repentina revelación interior.
Abrí el libro de nuevo por la página 212. Era la escena del zoo de la muerte. Recodé las innumerables veces que le había hablado a D de esa escena, lo mucho que me fascinaba... unas líneas más abajo encontré otro párrafo que acabó con mi confusión.
"Te amo. Te amo. Te abandoné en el Pantano de Fuego para poner a prueba tu amor. ¿Es tan grande como el mío por ti? ¿Acaso pueden dos amores así existir en un mismo planeta y al mismo tiempo? ¿Hay un lugar para algo así, amado Westley...?"
Lo vi todo claro de golpe, y comprendí mi malestar en su ausencia y mi felicidad con él, y el ardor de mi frente por su beso y la angustia de no saber si volvería. Hasta entonces había pensado que se debía al afecto que le tenía por ser mi primer amigo, quien me había comprendido y quien había venido desde el cielo y las estrellas para que no me sintiera sola... pero al leer ese párrafo me di cuenta de que en realidad, estaba enamorada de él. De sus rasgos suaves, de su pelo blanco, de su sonrisa dulce y su mirada azul. No lo entendí, pero supe que era así.
 De modo que también subrayé aquel párrafo y descubrí que en mi interior, la angustia del sueño se había convertido en algo borroso que se extinguía, y en su lugar, una tranquila confusión se arremolinaba quitándome el poco sueño que me quedaba, y convenciéndome de que me quedara despierta un poco más. No supe qué hacer para calmar mis pensamientos e irme a dormir, y dejé que mis dedos recorrieran las frases recién subrayadas. "¿Es tan grande como el mío por ti? ¿Acaso pueden dos amores así existir en un mismo planeta y al mismo tiempo? ¿Hay un lugar para algo así, amado Westley...?"
Me vi de pronto copiando esas frases una y otra vez en una hoja rosa, hasta llenarla de letras doradas y aprendérmelas de memoria, y comprobé que las ganas de dormir regresaban y los párpados se me volvían a cerrar. Doblé la hoja y la dejé entre esas páginas . Devolví el libro a su lugar y volví a acostarme, mucho más aliviada.


Esta mañana me desperté con el primer rayo de sol. No solía despertarme tan temprano, pero una vez estaba despierta me costaba volver a dormirme, sobre todo si ya era de día.
Me levanté y me asomé un poco a la ventana para darle al sol los buenos días, poniendo cuidado en no mirar hacia abajo para no asustarme. Luego me senté en mi cama deshecha y contemplé como unos débiles rayos de luz atravesaban los visillos e iluminaban tenuemente los cristales de colores de la lámpara, donde las hadas aún dormían. Pensé en las cosas que había comprendido aquella noche, pensé en mis intensos sentimientos por él y en lo mucho que me había ayudado subrayar La Princesa Prometida. Definitivamente, él tenía toda la razón del mundo al afirmar que los libros pueden comprenderte. Recordé su sonrisa y un cosquilleo me recorrió el estómago, haciéndome sonreír a mí también.
Luego recordé mi extraño sueño, y siguiendo un repentino impulso, cojí  mi cajita y extraje la nota que había escrito en mitad de la noche, con la esperanza de recordar el sueño con más detalle, pero me ocurrió lo mismo que entonces y sólo pude pensar en las letras... las letras, ¿que secreto encerraban?
Otro impulso me llevó a la estantería. Abrí las puertas de cristal con cuidado de no despertar a las hadas, y saqué el librito blanco que me había regalado. Ahora que me había dado cuenta de que estaba enamorada de su dueño, lo miraba de otra forma. Lo abracé, acaricié suave tela de la portada y lo abrí con una sonrisa. Decidida a averiguar por qué mi amigo habría subrayado letras y no frases, copié todas las que estaban señaladas en la última hoja del librito: cuatro o, una g, una s, dos y, una e, dos t, una n y una c.
Hice combinaciones con ellas, como si formaran un mensaje oculto, pero sólo me salían incoherencias y empecé a pensar que no tenía manera de averiguar la razón por la que él habría subrayado esas letras al azar.
Saqué el papelito de la caja de sueños y lo leí en voz baja. "Estoy sola. Sólo recuerdo las letras...las letras".
Recordé la sensación de soledad que había experimentado, y como sin querer, mis dedos volvieron a coger el bolígrafo dorado, y tras mirar las letras fijamente, supe que mensaje escondían. Lo escribí mientras lágrimas de agradecimiento me resbalaban por las mejillas y recorrían las comisuras de mis labios, que formaban una sonrisa de forma inconsciente. Las letras formaban un mensaje que él quería que yo leyera si alguna vez me sentía sola, como me había ocurrido aquella noche. El mensaje decía: Yo estoy contigo."

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