Quiero dedicar esta entrada a mi Sol Argentino. Algún día te daré esa lista que me pediste y dejaré que me conozcas, te contaré esos secretos que dices que quieres saber. Gracias por leer mi blog, por hablar conmigo por la noche y por regalarme estrellas fugaces. Me encantas.
Mis zapatos hacían crujir la gravilla de la acera mientras el sol de septiembre nos pegaba la ropa al cuerpo. Dani vitoreaba incongruencias, encabezando la marcha.
Jorge y yo íbamos rezagados, y Julián examinaba con curiosidad los chalets de la urbanización frente a la que caminábamos.
-¿Estás seguro de que es por aquí?
-Sí, pero no vive ahí. Es una calle más a la izquierda.
Nadie dijo nada en un buen rato. Las canciones sin sentido de Dani y nuestras pisadas eran lo único que se escuchaba en aquella calle. Jorge se aclaró la garganta.
-Esto es una locura- opinó, por décimo octava vez desde que salimos de casa.
Contemplé su expresión preocupada. Se llevaba la mano al cuello de la camisa de forma inconsciente con frecuencia, como si le apretara, y finas arrugas le surcaban el entrecejo. Compartía mi opinión al pensar que no era muy acertado presentarnos en su casa sin más, y que tratándose de Ana, nuestro plan de llevarla a tomar algo no llegaría a llevarse a cabo; pero estaba seguro de que una parte de él ansiaba ver su casa de cerca, como me pasaba a mí.
-¡Es ésta!- exclamó Dani victorioso, señalando una de las casas.
A primera vista no destacaba entre las demás. Era más pequeña y menos ostentosa, pero al mirar más detenidamente se apreciaba que no estaba construida según el mismo patrón que las de alrededor.
El tejado de pizarra negra ardía bajo el sol, y un gato gris de ojos azules nos devolvió la mirada desde lo alto de la chimenea. Julián dejó escapar un gruñido; odiaba los gatos.
El jardín era pequeño, estaba lleno de geranios y daba a un sencillo porche con columnas repletas de buganvillas. Un banco de madera descansaba a la derecha de la puerta de la casa.
Dos hileras de ventanas diferenciaban los dos pisos de la casa en la fachada de piedra. Gruesas y extensas enredaderas trepaban por ella y rodeaban los marcos de las ventanas. Una de las ramas se retorcía haciendo espirales bajo el alféizar de una de ellas, en el piso de arriba. Estaba abierta y ligeros visillos blancos se movían en el interior de la habitación movidos por el viento. Supe que era su cuarto minutos antes de que Dani lo anunciara, comentando que la había visto asomada más de una vez.
Jorge también tenía la mirada perdida en algún lugar de la fachada, sin poder creerse que aquella fuera la casa de Ana. Entonces cuando Dani terminó de vociferar "salvador bahía" de Carlinhos Brown y reinó el silencio en la calle, nos dimos cuenta de que se oía una música proveniente de la ventana abierta. Escuchamos atentamente, y de pronto Julián comentó sorprendido:
-Es Three Doors Down- se volvió hacia Jorge, que sonreía ampliamente al ser un fan incondicional del grupo, y le devolvió la sonrisa.- Ya tenéis algo en común.
-¡Ana!-gritó Dani con toda la fuerza de sus pulmones- ¡Anaa, hemos venido a buscarte! ¡Ven a tomar algo con nosotros!
Durante unos minutos la única señal de vida que vimos fue el inquieto ir y venir del gato sobre el tejado. Pero de pronto, los visillos de la ventana se apartaron y Ana se asomó por la ventana.
Se me paró el corazón. Llevaba una camiseta negra de tirantes, amplia y de pronunciado escote, e iba muy despeinada. Nos taladró con los ojos desde la ventana y esbozó media sonrisa.
-¿Quiénes sois?- preguntó con irónicamente, con su voz suave y seductora- ¿Los tres mosqueteros y D'artagnan?- y fijó su mirada en mí por un momento. Sentí que la sangre se me subía a la cabeza. Los demás rieron, porque era el libro que nos habían mandado leer en literatura.
-Sí, y hemos venido a invitarte a tomar algo- continuó Dani adoptando una pose teatral e imitando el acento francés mientras Julián reía a carcajadas.
Ana no se movió. Era absurdo, pero me recordó en algo al gato del tejado.
-Creo que paso- dijo finalmente por encima de la música.
-Oh vamos, Reina Ana de Austria- protestó Dani, haciendo alusión al personaje del libro.- ¿Acaso tienes un plan mejor?
-De hecho sí, Porthos- respondió Ana apoyando la barbilla en la palma de la mano, sin disimular su aburrimiento- Y prefiero a Milady de Winter. La Reina Ana es aburrida.
-¿Milady de Winter? -preguntó Julián mirando alternativamente a Dani y a la chica- Pero si es la mala.
Ana respondió con una leve sonrisa y se dio la vuelta lentamente para meterse en su habitación.
-¡Vuelve, Milady!- Dani se aproximó a la verja de la casa, terminando la exclamación con un gallo.
La música se oyó más fuerte.
-Joder, tío- Dani se volvió hacia nosotros riendo. Luego negó con la cabeza y se llevó una mano al corazón.- Me vuelve loco.
La última palabra resonó en mi cabeza y se propagó, como un eco en la lejanía. Loco. Estaba loco por ella. Una convicción y certeza absolutas me recorrieron de arriba a abajo y supe que haría todo lo que hubiera en la lista. Fijé la mirada en el lugar donde momentos antes había estado asomada y me dolió el estómago. No había sentido nada parecido en mi vida, y me sorprendí comprendiendo de pronto el gesto que hacía Jorge cada vez que la veía; llevarse la mano inconscientemente al estómago.
De pronto la música paró. No sabía cuanto tiempo llevábamos ahí, pero al separarme de la pared en la que había estado apoyado y mirar al cielo descubrí que el sol estaba empezando a ponerse. Suaves destellos rosas y anaranjados acariciaban el tejado de la casa e iluminaban las flores del jardín y las hojas de las enredaderas. La voz de una mujer exclamó algo que sonó a italiano desde el interior de la casa, y Ana respondió algo que no llegamos a entender. Súbitamente la puerta principal se abrió y ante nosotros apareció ella, vestida con la misma camiseta negra y unos pitillo grises. Calzaba unas sandalias negras con un tacón que me hizo abrir los ojos de par en par, sin comprender cómo alguien era capaz de mantenerse en pie sobre ellos. Se detuvo al vernos, justo antes de cruzar el porche y nos miró con incredulidad.
-¿Aún seguís aquí?
Aunque en su tono se apreciaba algo de molestia , Dani hizo caso omiso y puso los brazos en jarras.
-Ya te lo hemos dicho; hemos venido a llevarte a tomar algo. No nos habías explicado que plan tenías, y...- mientras decía todo esto, Ana cruzó el jardín y abrió la verja. Dani titubeó un instante antes de seguir hablando, intimidado por su repentina proximidad- y nosotros no teníamos nada que hacer, así que...
-Oye Porthos, me voy a un concierto -el rugido de una moto llegó hasta nosotros desde el final de la calle, y ella palmeó distraídamnte la mejilla de Dani y avanzó hasta llegar a la carretera. Al pasar frente a mí, alzó un poco las cejas y murmuró- Ah, D'artagnan...-tragué saliva y ella sonrió- Ya te daré tu lista.
La moto se detuvo justo al lado de Ana y el motorista nos escrutó tras la pantalla opaca de su casco. Ella se subió y se agarró a su cintura, y justo antes de que la moto arrancara, le guiñó un ojo a Jorge, que había permanecido apartado y cabizbajo. El chico contempló como la moto se alejaba bajo el cielo naranja claro, y le oí suspirar quedamente. Su mano derecha se apretaba la camiseta, a la altura del estómago.
Esperaré impaciente esa lista entonces.. :D gracias por dedicarme la entrada.. siempre que te leo pienso: "hoy la comento" pero acabo no haciéndolo porque me acabaría repitiendo siempre al decirte que escribes genial y que me encanta leerte.. además que ya lo sabes porque no es la primera vez que te lo digo, pero hoy no podía hacer menos que agradecerte la dedicatoria y comentarte por todas esas veces que no llegué a hacerlo.. sigue escribiendo que yo te seguiré leyendo :D
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