miércoles, 3 de agosto de 2011

Primera historia: secretos. Él

"1 de Junio.
Ayer por la noche descubrí que si juntas todos tus deseos y los mandas a las estrellas, regresan a ti volando.
Deseaba un amigo, deseaba escapar, deseaba poder contarle a alguien lo que más ansiaba en mi interior...
Y entonces, él apareció. Y vino hasta mí volando.
Como un pájaro blanco, como un precioso reflejo de luz nacarada, apareció en mi ventana. Empecé notando una brisa que me congelaba las lágrimas en las mejillas, me destapé y salí de la cama. Entonces me encontré con su ojos, de un azul claro como el cielo en primavera, de un azul sincero, dulce y suave, casi transparente. Con una voz de terciopelo, me preguntó por qué lloraba. Yo estaba demasiado sorprendida para responder. Él me abrazó, dejó que llorara en su hombro, blanco como mis sábanas, me susurró palabras mágicas como las que me dice D para que me calme... y cuando estuve tranquila, me sentó en mi cama y me sonrió.
Le pregunté su nombre. Me lo ha dicho, pero me ha pedido que no se lo diga a nadie, así que no puedo escribirlo aquí. Él ya sabía el mío. Le hablé de mi deseo de escapar de la torre, de ver lo que había fuera, de sentirme libre, de tener amigos, personas como yo que me entendieran. Le conté que me sentía sola, a pesar de D y las hadas. Ellos me hacían compañía, pero no me entendían... y me aburría en aquella habitación. Cada día tenía que pensar en algo para matar el tiempo.
Él me hizo entonces una pregunta muy extraña. Me preguntó si sabía subrayar. Le dije que sí, que sí sabía, pero que no acostumbraba a pintar en mis libros. El negó con la cabeza y me explicó que los libros, en las historias que nos cuentan, guardan algunas de nuestras ambiciones y deseos. Muchos personajes tienen parte de nosotros, podemos sentirnos identificados con ellos, y si sabemos subrayar, descubrimos que el libro nos escucha y nos comprende, nos damos cuenta de que aquellas palabras que señalamos son las que algún día pensamos o dijimos en voz alta... y que por lo tanto, no estaba sola. D y las hadas me hacían compañía y me querían, pero los libros entendían mis deseos más profundos.
No acabé de entenderlo del todo, pero le di las gracias y me propuse probarlo al día siguiente. Yo le hice preguntas también; de donde venía, cómo había llegado a mi ventana, por qué razón... pero él no respondió a ninguna, simplemente pasaba las yemas de sus dedos por mi mejilla y  me miraba a los ojos. Quise saber en qué pensaba, por qué no me contestaba, pero él no decía nada y me miraba fijamente. No sé como explicarlo, pero al mirarle a los ojos descubrí una paz y una tranquilidad en ese azul, comparable a las aguas dormidas de un lago, a una melodía que se escucha a lo lejos...percibí una paz lejana, dormida, dócil... y poco a poco sentí que se me cerraban los ojos y él me abrazó en seguida y me tapó con las sábanas.
Ahora creo que era lo que pretendía al mirarme así, creo que él estaba intentando que volviera a dormirme. Cuando me desperté esta mañana no había rastro de él, y me pregunté si o habría soñado. Pero la ventana estaba entreabierta, y había un aroma diferente flotando en la habitación, fresco y dulce, como a flores silvestres.
Lo primero que hice fue dirigirme hacia la librería con mi bolígrafo dorado y abrir las puertecitas de cristal. Cerré los ojos y dejé que mis dedos recorrieran los lomos de los libros. Se detuvieron en Peter Pan.
Lo saqué y me senté en la cama. Decidí abrirlo al azar y comprobar si lo que me había explicado mi nuevo amigo era cierto y había alguna posibilidad de que el libro me comprendiera.
Leí el primer párrafo que vi, y una enorme alegría me invadió por dentro.
"...en cuanto la puerta del 27 se cerró tras el señor y la señora Darling hubo una conmoción en el firmamento y la más pequeña de todas las estrellas de la Vía Láctea gritó:
-¡Ahora, Peter!"
Mi amigo... ¡mi amigo era Peter! Y yo me identificaba con Wendy, como me pasaba con el resto de las princesas o protagonistas de mis libros. Me parecía a ella en que quería salir de su casa, quería ver Nunca Jamás... yo quería ver el mundo. Y Peter fue a su casa, por la ventana... y la llevó allí. Tal vez mi nuevo amigo ha aparecido para llevarme con él a ver el mundo. Me temblaba la mano un poco, pero subrayé aquel párrafo, una y otra vez, hasta que me lo aprendí de memoria. Luego cogí una de las rosas de la corona que me habían hecho las hadas y la prensé entre esas páginas. Devolví el libro a su lugar y me sorprendí sonriendo. Las hadas, ajenas a todo lo que había ocurrido la noche anterior, también se sorprendieron al verme sonreír, y bajaron felices de la lámpara a acompañarme a desayunar."

Cerré los ojos. Me llevé una mano al corazón. Desconcierto. Confusión. Pena, pena inmensa y profunda. Pérdida. Arrepentimiento. Lágrimas... 
Dolor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario