El timbre nos gritó estridentemente el final de la clase, a lo lejos. Borrones de brazos, risas y mochilas pasaron delante de mí, golpeando mi pupitre sin querer. Con toda nitidez, vi como Ana se levantaba y sin darse la vuelta salia de la clase. Los borrones se multiplicaron, el eco de unas voces que me llamaban resonó vagamente en mi cabeza... lo único claro, lo único que en ese momento de verdad existía, era la fina línea de mi mejilla que había estado en contacto con la piel de Ana, aunque hubiera sido un segundo. Una oleada de cálido frío me palpitaba debajo del recorrido que ella había trazado con la yema de su dedo.
Poco a poco, al ritmo de los latidos que sonaban cada vez con más fuerza en mi cabeza, fui enfocando las imágenes y dejé de ver borrones. Me encontré con las caras de guasa de mis tres mejores amigos, que me miraban inquisitivos.
-Bueno, ¿qué?
-Pues... vale, por dónde empiezo...-sabía que que querían que les contara con todo detalle lo que habiamos hablado Ana y yo, pero aún me costaba pensar con lucidez.
-¿Empiezo?- repitió Jorge alzando las cejas. Luego negó con la cabeza.
Julián rió y Dani le dio un puñetazo en el hombro.
-Ve por ella, tío.- me djjo señalándome la puerta de la clase con una cabezada- Ya nos contarás después.
Julián asintió y me miró apremiante, aun riéndose. Yo sonreí y salí de la clase.
Parpadeé. Montones de alumnos se aglomeraban y avanzaban a tropicones a lo largo del pasillo, pero supe que no me iba a resultar difícil encontrarla. Casi al final del pasillo vi una taquilla abierta, y siguiendo mi instinto, ese que me hizo perder la corbata y pasar la mejor noche de mi vida, me encaminé hacia ella.
Cuando estuve en frente tragué saliva. No supe por qué, pero la cerré suavemente con la mano. Y detrás de ella, cómo no, estaba Ana.
Me pareció que sonreía, pero cuando alzó sus ojos hacia mí no aprecié ningún tipo de emoción en su rostro.
-David- dijo solamente. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal al oir mi nombre de su boca.
-Quiero conocerte- repetí torpemente. Las manos me temblaban, pero me las metí en los bolsillos y me obligué a sostenerle la mirada.- Lo digo en serio, Ana.
Ella siguió mirándome, sin mover un solo músculo. Parecía estar ausente, mirándome pero sin fijarse en mí, como si estuviera tratando de escuchar algo que nadie más podía oír.
-No tengo tu corbata aquí.- fue la respuesta.- Y no tengo intención de devolvértela.
Me dirigió una breve sonrisa seductora y se dio la vuelta para marcharse. Era consciente de que al menos una veintena de pares de ojos estaban clavados en nosotros, y que cada par de ojos iba acompañado de bocas que contarían todo lo que habían visto al resto del instituto, pero me dio igual, y la detuve cogiéndola por la muñeca. Ella se dio al vuelta lentamente. Miró mi mano sobre la suya, y luego mi rostro, y creo que percibió mi decisión en él por que pude ver que dejaba de parecer ausente.
-Yo no creo que quieras conocerme.- se aproximó y se dejó caer sobre su taquilla cerrada.- Pero podemos apostar- fijó sus ojos en mí de una forma tan intensa que me hizo querer retroceder unos pasos- ¿Por qué no jugamos a un juego? Si me ganas, dejaré que me conozcas y a demás te daré tu corbata.
-¿A qué juego?- pude decir con un hilo de voz.
-El juego se llama seducción, y el que se enamore pierde.- alzó una ceja- Es mi juego favorito.
Antes de que me diera cuenta negaba repetidamente con la cabeza. Un nudo me aprisionaba la garganta.
-No puedo jugar a eso contigo.
-¿Por qué no?- quiso saber ella, ladeando la cabeza.
-Por que sé que he perdido incluso antes de empezar a jugar.
Estudié su rostro. Aparentemente no descubrí ninguna emoción en él, pero se le formaron unas leves arrugas en el entrecejo y vi como fruncía los labios imperceptiblemente, dando lugar a un asomo de lo que parecía decepción.
-Juguemos a otra cosa. Dame la oportunidad de ganarte en algo -propuse.
-No sé si voy a poder hacer eso. - me detuve a pensar en el sentido de esas palabras, pero antes de que sacara ninguna conclusión siguió hablando. Su tono era suave, pero inexpresivo- De todas formas, lo intentaré: voy a darte una lista de cosas que siempre he querido hacer. Si consigues darme todo lo que pone en la lista, ganas.
La obervé repasando mentalmente cada una de las palabras que había pronunciado. Me di cuenta de que ella no pensaba que realmente fuera a ganarla, por eso me ofrecía la posibilidad de conocerla, para que la dejara en paz. Pero ¿y si lo conseguía? No tendría más remedio que cumplir con su palabra...
De todas formas, era mi única oportunidad.
Su mirada destilaba diversión y otra cosa que no supe identificar, que me puso la piel de gallina y que me hizo sentir algo parecido al peligro. No me costó adivinar que era la mirada con la que taladraba a sus contrincantes antes de ganarles. Alzó una ceja inquisitivamente y se acercó a mí. Dejó caer su dedo índice sobre un botón de mi camisa y murmuró:
-¿Juegas?

"El juego se llama seducción, el que se enamora pierde"
ResponderEliminarMe encanta esa frase. Este capítulo me ha gustado mucho, sigue así ;)