Era la vigésimo cuarta vez que lo preguntaba en voz alta, y, sinceramente, no ayudaba a calmar mi poca paciencia ni apaciguaba mi mal humor.
-Sí, Julián, una lista.
-¿Te va a dar una lista?
La rabia y los nervios de aquella tarde se habían aglomerado formando una bola angustiosamente pesada en mi garganta que no conseguía tragar. Sentía rabia porque nadie se tomaba en serio lo que sentía por ella, y era probablemente lo más serio que había sentido en toda mi vida. Y sentía rabia porque Ana me provocaba tantas cosas a la vez que reaccionara como reaccionara, sabía que más tarde repasaría mentalmente mis acciones y me arrepentiría de ellas. Las rectificaría en mi mente, me inventaría una historia alternativa que resultaría ser siempre mejor que la original, empezando por preguntarme "¿qué habría pasado si...?"
Cogí el cojín que tenía bajo el brazo y se lo arrojé a Julián con todas mis fuerzas. Él lo atrapó riendo.
-Calma, tío. Vamos a pensar un poco. ¿Qué pretende conseguir dándote una lista?
-Que la conozcas, ¿no?- intervino Jorge, que hasta entonces se había mantenido apartado de la conversación.
-No, ella no quiere que la conozca. Y sostiene que yo tampoco querría conocerla.- corregí.- Pienso que pretende que la deje en paz, que deje de interesarme por ella. Así que creo que pondrá cosas imposibles en la lista, cosas que yo no sea capaz de hacer para que desista en mi propósito y me dedique a otras chicas. Lo de la lista me lo dijo para darme esperanzas. Pero de rodas formas, mi idea es sorprenderla y hacer todo lo que ella me proponga.
-¿Pero qué te va a poner en la lista, tío? ¿que vueles?¿que te hagas invisible?-ironizó Dani, y todos rieron.
Yo no reí. Hasta entonces no me había planteado cuál podría ser el contenido de la lista, y no estaba muy seguro de hasta dónde podría llegar el deseo de Ana de verme desaparecer de su vista, pero si era comparable a la idea que tenía en mente, hacerme invisible o volar eran dos opciones no del todo descartables. No iba a ponérmelo fácil si de verdad no quería que la conociera.
-Bueno tío, tanto pensar me ha dado hambre. Voy a comprar patatas fritas.-anunció Dani.
-Hay abajo, en la cocina- respondí- en la despensa de arriba, la que tiene el tirador un poco suelto.
Julián y Dani salieron de la habitación riendo y arrugando las alfombras del pasillo. Me quedé a solas con Jorge, que había permanecido cabizbajo y ausente casi toda la tarde.
-¿Estás bien?- opté por preguntar.
Jorge asintió casi imperceptiblemente un par de veces, pero luego bufó y se encogió de hombros.
-Tío... no sé, David. No te ofendas, pero ¿por qué tú?
-¿Eh?
-Ana... a todo el mundo le gusta, todo el mundo quiere salir con ella. ¿Por qué te hace caso a tí?
-Jorge, la he visto por los pasillos y trata a todo el mundo igual. Coquetea con todos lo justo para hacerles creer que pueden tener posibilidades, pero luego se va. Y lo de la lista... estoy seguro de que no soy el primero al que se la da.- me abrumó la realidad de mis palabras. Se me acababa de ocurrir, pero cuando lo dije en voz alta me di cuenta de que sería muy posible que otros hubieran tenido la misma intención que yo. ¿Conocía alguien a Ana? ¿Había podido alguien darle todo lo que ponía en la lista?
-Estoy enamorado de ella- me lo dijo con un hilo de voz, a penas audible, pero lo escuché perfectamente.
-Yo también.
Jorge y yo nos miramos. Sabíamos a lo que nos referíamos cuando decíamos "enamorados", no como los demás. Supuse que en cualquier película o libro aquello habría desencadenado una pelea o un enfrentamiento de por vida, pero Ana nos parecía tan inalcanzable y había tanta gente a la que le gustaba que nos pareció absurdo enfadarnos. Nos sonreímos mutuamente. Éramos dos personas que se entendían y compartían un mismo objetivo, pero no nos íbamos a pelear por alcanzarlo antes que el otro. Tampoco es que tuviéramos muchas posibilidades de todas formas.
Julián y Dani subieron corriendo las escaleras, y el segundo entró precipitadamente en el cuarto masticando patatas a dos carrillos. Sonrió y nos miró. Me estremecí, porque reconocía esa mirada. Jorge frunció el ceño con preocupación. Era el mismo brillo temerario que había en sus ojos siempre que se le ocurría alguna idea que a él le parecía genial pero que a nosotros no nos acababa de gustar, y que por algún motivo u otro, siempre acabábamos llevando a cabo.
-¿Sabéis qué estoy pensando?- preguntó cuando hubo tragado.
-Dani, antes de explicarnos nada, quiero que sepas que me opongo totalmente a cualquier plan genial. La última vez -dijo Julián entrando tras él en la habitación- no salí del todo bien parado.- y en un gesto inconsciente se llevó los dedos a un moratón que tenía en el brazo derecho, bajo la camisa.
-No, este os va a gustar.- Dani se sentó en mi silla del escritorio y se puso a dar vueltas en ella- ¿Qué pensáis que hará Ana cuando no está en el colegio?
Ninguno respondimos.
-¿Pretendes que la busquemos?
-Sé dónde está su nueva casa- comentó Dani sin dejar de girar- podíamos invitarla a tomar algo.
Jorge y yo sofocamos la risa y le miramos con incredulidad.
-¿Acaso piensas que va a querer?
-No se pierde nada por intentarlo.- Dani dejó de dar vueltas y detuvo la silla justo en frente de mí. Me miró fijamente:- Quien no se arriesga, no gana.- y a continuación me dijo- Tío, veo lucecitas... no vuelvas a dejar que de vueltas en tu silla después de comer patatas fritas.

Encantada de conocerte y de leerte,visitarte ha sido un placer
ResponderEliminarThank you for coming by so I could find your amazing blog! Beautiful~
ResponderEliminarxoRebecca