jueves, 16 de junio de 2011

Tercera historia: esperanzas. Física

Pasaron doce días, y no volví a saber de Ana. Pasaron doce noches, y volví a bailar con ella cada vez que me quedaba dormido. Ella volvía a quitarme la corbata, yo trataba de seguirla... No podía pensar en otra cosa, y mis amigos se reían de ese perdedor que en un principio se tomó a Ana como una ridícula moda y que ahora la consideraba como una auténtica obsesión.
Estábamos en época de exámenes, y ya podía dejarme la piel estudiando que cuando me ponían la hoja delante sólo podía ver dos ojos miel con raya negra que me miraban fijamente.
A Jorge le provocaba auténtico malestar pensar en ella, a Julián y a Dani, divertimiento. Este último nos contó que había esperado a la salida del instituto al que ella iba y que no la había visto salir.
-A lo mejor se cambia de instituto -sugirió Jorge.-A lo mejor viene al nuestro.
-Sí -concedió Julián- Y a lo mejor tú apruebas física este trimestre.
Dani y yo reímos, y Jorge sonrió con desgana.
Yo en cambio pensaba que podría haberle pasado algo. Podía estar enferma, podía estar en el hospital, podían haberla raptado...la sangre me hirvió en las venas con sólo pensarlo. Adiviné la similitud entre mis pensamientos y los de Jorge al darme cuenta de su ceño fruncido.
-¿Habéis vuelto a saber de las chicas con las que bailasteis? -pregunté a Dani y a Julián para desviar la conversación hacia otra parte.
-Sí, Luna me dio su número -contestó el segundo- Y tío,es increíble. Fue la mejor tarde de mi vida. Voy a preguntarle si tiene alguna hermana para alguno de vosotros dos. Hemos quedado este sábado.
-Y Margarita no puede ser más mona- añadió Dani con un brillo especial en la mirada. Los demás sonreímos;  conocíamos su predilección hacia ese tipo de chicas. - Es tan femenina, tan guapa, tan...-gesticuló con las manos buscando más palabras.
-Lo hemos pillado.-Jorge le dio palmaditas en el hombro.
-¿Y tú, fiera? ¿Conseguiste a alguna de las que estaban en la barra cuando llegué?-pregunté a Jorge recordando aquel momento.
-Qué va, tío...quería volver a la discoteca este finde a ver si estaban, pero está claro que no tengo nada que hacer con ninguna de las dos. Una perla y un jazmín se merecen al príncipe, y no al mendigo.
En aquel momento, un grupo de nueve o diez chicas pasaron por delante riendo y cuchicheando mientras miraban al desolado Jorge, que se apoyaba en la pared con las manos metidas en los bolsillos, gesto que debía de parecerles muy atractivo.
-Hasta mañana, Jorge -dijo una en voz demasiado alta, mientras las demás reían y le daban empujones.
Jorge hizo un desanimado gesto con la mano, y de pronto los tres pudimos ver perfectamente a Jorge con una corona, un cetro y un trono.
-Tío, ¿pero qué...? ¿Has visto lo que hemos visto nosotros?
-Te falta autoestima -dictaminó Julián.- Puedes tener a quien quieras, ¿no te das cuenta? las de clase se mueren por tus huesos.
Observé a Jorge detenidamente. No podía estar seguro al cien por cien, pero creía que tenía el físico que gustaría cualquier chica; de constitución fuerte, ojos grandes y verdes, pelo castaño con flequillo despeinado... Se me ocurrió pensar que la causa de su falta de amor propio se debía a la inferioridad que sentía cada vez que veía a Ana, y a lo enamorado que estaba de alguien que no podía conseguir.
La sirena nos gritó perezosamente desde cada rincón el patio que volviéramos a entrar en el colegio, y los cuatro lanzamos a la vez un quejido al recordar que nuestra próxima clase era tutoría. Nadie podía aguantar el poco interés y el aletargamiento de nuestra profesora dando esa clase. Aunque no lo sabíamos en aquel momento, aquella hora iba a ser de todo menos aburrida.
-Sentaos chicos.-la tutora esperó pacientemente a que cada uno ocupara su asiento correspondiente y observó con ojos entornados la clase que se extendía frente a ella- Antes de seguir con la programación de esta semana, (nuestra apasionante charla sobre las drogas y el alcohol), tengo que anunciar algo. A pesar de que estamos a mitad de trimestre, y debido a una serie de circunstancias que huelga explicar ahora, un alumno nuevo se va a incorporar a la clase la semana que viene. O mejor dicho, una alumna.- Se me paró el corazón al escuchar estas palabras y me giré para mirar a Julián y a Dani, que sonreían expectantes de oreja a oreja. Jorge se había puesto lívido y no movía ni un músculo.- Se llama... veamos -la profesora revisó cuidadosamente sus fotocopias en su irritable empeño de hacernos esperar.- Se llama Ana Depaul, por lo visto acaba de mudarse y...
No atendí al resto de la explicación. De hecho no habría podido aunque quisiera, porque solo podía escuchar en mi cabeza la canción que sonaba mientras la buscaba en la discoteca. Me martilleaban las sienes. Muchos de clase sabían quien era Ana, pero no acababan de asumir la noticia que nos había dado la tutora. Cuando ella dejó de hablar reinó un silencio absoluto en la clase. Durante varios minutos sólo pudo escucharse el paso de los coches por la carretera que se colaba por las ventanas abiertas.
De pronto Jorge dijo en voz alta:
-Tío -tenía los ojos abiertos como platos cuando se volvió hacia Julián.- Voy a aprobar física.

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