jueves, 9 de junio de 2011

Tercera historia: esperanzas

Esta historia está especialmente dedicada a una Luna y a una Margarita a las que debo mucho. La tres soñamos con locuras. Las tres sabemos quién es Ana.
Un nombre define la personalidad de quien lo tiene. De la misma forma que para referirnos a una playa usamos el nombre "playa", y siempre que pensamos en ella recordamos la arena, el olor a sal, el calor, el sonido de las olas...
De igual modo cuando se oía su nombre, cuando se oía "Ana", una cascada de sensaciones, olores, e imágenes borrosas surcaba la mente de todos los que la conocían, o habían oído hablar de ella. Para algunos, la palabra Ana evocaba su mirada de bordes negros que te hacía estremecer, su risa tranquila y suave de cuando sabe que alguien está loco por ella, su forma de bailar que hacía que la discoteca entera dejara de moverse para contemplarla, su forma de coger la copa, con el dedo índice un poco levantado, su pelo siempre precioso y alborotado...Ana. Para otros era angustia, la sensación de saber que estás cerca de ella, que eso que huele tan bien es su perfume, que si alzaras el dedo rozarías su vestido negro, que te está mirando, que te mira, que Ana te está mirando, ...y luego se ríe, y entonces la angustia cede el paso a la rabia, al querer tenerla y no poder, al saber que es imposible. Para otros Ana era un misterio, una persona de la que todos hablaban y que ellos se morían por conocer, una presencia, un brillo de admiración, desesperación o deseo en las pupilas de quien hablaba de ella.
Cuatro chicos hablaban de ella aquel día. Dos de ellos pertenecían al primer grupo de personas; estaban perdidos por ella y disfrutaban intentándolo una y otra vez. El tercero era de los que sufrían estando cerca de ella porque estaba perdidamente enamorado, y el cuarto era de los que aún no sabían quien era Ana.
-¿Por qué no podéis hablar de otra cosa?- rió David.
-No la conoces- cortó secamente Julián, que era uno de los dos primeros- No entiendes lo que es...
David hizo un gesto con la mano deshaciendo la frase que quedó en el aire.
-No me importa; pasemos dentro. Tengo las invitaciones.
David observó la mirada inquieta y expectante de sus tres amigos, que escrutaban la fila de gente que esperaba para entrar en el local en busca de una melena despeinada, un vestido negro y unos tacones de aguja. Bufó:
-Chicos, nadie sabe si va a venir...
-Va a venir.-afirmó Dani- Está invitada.
-Por supuesto que está invitada-casi gritó Jorge, a quien la angustia le impedía respirar con normalidad- ¿Quién celebra una fiesta y no quiere invitarla?
-Pasemos dentro -dijo Julián- Quizás ya está ahí.
David entregó las invitaciones y entró primero en la discoteca, dejando que la música, las luces y la gente moviéndose dejaran su mente en blanco. Sonrió.
Llevaban allí un buen rato, cuando de pronto, y no sin una gran dificultad, David oyó a Jorge gritar algo por encima de la música. Se volvió hacia sus amigos, y vio que Dani y Julián se abrían paso a toda prisa por un corro de gente agolpada en torno a una zona de la discoteca.
-¿Qué pasa, Jorge? ¿Estás bien, tío?
Su amigo se había llevado las manos a la cabeza y se había aflojado la corbata.Gesticuló hacia el corro, pero no podían ver qué había detrás de la masa de gente. Las exclamaciones y las risas llegaban a oírse claramente por encima de las canciones. David se dio cuenta de que al DJ no parecía importarle; tenía la vista fija en ese corro de gente. Jorge cogió del brazo a David y subieron los primeros peldaños de una escalera, hasta ver la discoteca entera sin ninguna dificultad. Jorge se acercó a él por detrás, y mientras señalaba la zona en cuestión, dijo:
-Ella. Ella es Ana.

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