viernes, 10 de junio de 2011

Tercera historia: esperanzas. Luna y Margarita

Las formas de reacción son algo realmente curioso. Hay veces que quieres reaccionar de una manera, mandas información a tus músculos pero estos no te obedecen. La reacción de David la primera vez que vio a Ana no puede describirse. Sintió demasiadas cosas a la vez, en apenas una milésima de segundo (deseo, angustia, admiración, sorpresa, curiosidad) que desembocaron en un bloqueo que le impidió pensar o notar nada, hasta que Jorge, desesperado ante la ausencia de su amigo, le propinó un  puñetazo en el hombro que sólo cinco minutos después consiguió el efecto deseado.
-¿Por...por qué me pegas?
-Tío, ¿la has visto? La ves, ¿no?
-Sí, claro que la veo-respondió David para sí.
Ana estaba bailando. Bailaba con tres chicas y dos chicos en el punto de la discoteca al rededor del cual se aglomeraba todo el mundo con la esperanza de verla, de pedirle un baile, de invitarla a una copa. Su pelo despeinado, tal y como lo habían descrito, caía libre y brillante por su espalda, su vestido palabra de honor dejaba ver sus hombros y su cuello de piel clara brillando bajo los focos multicolores mientras se movía. Pegaba espalda con espalda con una de las chicas y se la podía oír reír mientras ambas hacían el mismo paso a la vez. David se moría por verle la cara de cerca.
-Vamos a bajar. Busquemos a Julián y a Dani.
Jorge y él bajaron las escaleras sin apartar la vista de la chica. No tardaron en encontrar a sus dos amigos, que habían desistido en sus intentos de verla y estaban bebiendo coca cola apoyados en la barra.
-Míralos, tío. No se dan cuenta de que no van a conseguir nada. Ana es imposible- le dijo Julián a David mientras sonreía detrás de la pajita. Jorge bajó la mirada.
-¿Ya la has visto, eh?- Dani rió y le pasó una coca cola a él también.-Yo no me pienso quedar aquí sin hacer nada, cuando a la gente se le pase un poco intento meterme yo también -dijo señalando el corro- pero mientras, fijémonos en las humanas.
Julián rió, estaba de acuerdo. Jorge era incapaz de mirar a cualquier otra chica que no fuera Ana, y David estaba aún en estado de shock.
-Joder... mira, Julián, ¡mira esas!-Dani sonreía señalando un par de chicas que estaban delante de ellos.
-¡Yo las conozco! Van conmigo a música-dijo Jorge de repente.
Julián y Dani se dieron la vuelta a la vez, bruscamente.
-¡Pues mueve el culo, chaval!
Jorge rió y le prometió a David que estaría de vuelta en cinco minutos. Pero David no estaba seguro de ir a permanecer en el mismo sitio en cinco minutos.
-Marga...¿qué tal?
Margarita se dio la vuelta y le dedicó a Jorge media sonrisa. Era una chica preciosa. Julián y Dani sonrieron a la vez. Era rubia, de ojos grandes y castaños, que recorrían alternativamente los rostros sorprendidos de los dos chicos. Le dio a Jorge dos besos y preguntó:
-¿Y estos? ¿Son tus amigos?
Jorge se los presentó y luego dijo:
-¿Y Luna?
-Luna ha ido a saludar a un amigo, ahora viene.-miró más detenidamente a Dani, que no paraba de sonreírla, y preguntó:- ¿Qué te pasa? ¿Has bebido o qué?
-Eres muy guapa, Marga. ¿Quieres bailar?- soltó Dani sin pensar en lo que decía.
Margarita alzó una ceja y miró a Jorge. Él le dijo por gestos que Dani no había bebido nada y sonrió.
-Claro.-antes de irse, le guiñó un ojo a Julián, que le tiró un beso y se volvió hacia su amigo, que en ese momento trataba de captar la atención de Luna.
-Oye, ¿tu otra amiga es igual de mona o...
-¡Jorge!- Luna le plantó dos besos en la mejilla a su amigo y examinó con interés a Julián bajo sus pestañas.-¿Quién es este chico?
Luna era increíblemente guapa
. Jugó con un mechón de su brillante pelo castaño mientas Julián trataba de decir algo convincente. Acabó presentándose, y la invitó a bailar. Luna rió y le dio su vaso a Jorge, que se quedó contemplando cómo la chica guiaba a Julián por la discoteca cogiéndole de la corbata.
Cuando volvió a la barra,  no encontró a su amigo por ninguna parte.
David era uno de esos chicos que siguen su instinto, uno de esos chicos que se arremangan la camisa e intentan lo que sea, da igual de qué locura se trate. Bailar con Ana era el vano propósito de más de la mitad de la discoteca, pero le daba igual. No pensó en ello cuando se arrodilló y avanzó a gatas entre el montón de piernas y pies de puntillas. No pensó en ello cuando llegó (para su sorpresa) al centro del círculo. Dejó de pensar cuando tuvo a la misma Ana bailando de espaldas a él a menos de medio metro.
Ella agarró la mano de un chico moreno, giró rápidamente hacia dentro y acabó pegada a su torso. Le sonrió y le revolvió el flequillo con la mano que le quedaba libre. Repitió el mismo paso con otro más, y cuando le tendía la mano al tercero, un chico rubio muy próximo a él, siguió el impulso incontenible de intervenir y cogerle la mano él mismo, desplazando al rubio fuera del círculo. Ana giró y acabó su paso de baile a la vez que la canción.
Todos aplaudieron y vitorearon. Se volvió hacia David.
 Era la chica más impresionante que había visto en su vida.
 David estaba seguro de que ella podía notar su corazón contra su cuerpo  martilleando debajo de su camisa.
Ana sonrió.

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