Pero cómo iba a darme cuenta de todo eso, si tenía a Ana apoyada en mi pecho sonriéndome, con esa sonrisa con la que obsequiaba a todos los que bailaban con ella, si no había visto nada más cercano a la perfección en mi vida, si no sabía que a partir de aquel momento ella iba a ser la única jodida razón para seguir, si por algún motivo me estaban entrando unas ganas enormes de cogerla y llevármela a algún sitio lejos de todo aquello...
Entonces ella me miró a los ojos, y no sé qué debió ver en ellos porque no apartó los suyos, y no sé qué estaría haciendo con el cuello de mi camisa pero yo no era capaz de bajar la mirada. Me di cuenta mirándola que no llevaba maquillaje, solo en los ojos, perfilados de negro. Pestañeó deprisa un par de veces y cuando me quise dar cuenta se alejaba con mi corbata en la mano. Traté de volver a acercarme, pero cuando miré hacia el sitio por donde se había ido ya no estaba. La gente aglomerada se dispersó. Como yo, la habían perdido de vista.
Mi interior se debatía entre estallar de alegría o dejarse vencer por la taquicardia. Fui a la barra, al sitio donde prometí a Jorge que me encontraría en cinco minutos, y allí estaba él, tratando de ligar con un par de chicas espectaculares que le observaban con disciplencia. Acabaron por irse de allí.
-¿Quiénes eran?-pregunté sin darme cuenta.
Jorge suspiró.
-Una perla y un jazmín, pero qué le vamos a hacer.-le dio un trago a la coca cola.- ¿Dónde estabas?
Tragué saliva varias veces. No me salía la voz, y Jorge tergiversó mis balbuceos.
-¿No me lo quieres decir? ¿No querías quedarte conmigo? Normal, si ahora nadie me hace caso. Mira a Julián y a Dani, ahí bailando como locos con esas dos...
No comprendía lo que me quería decir. La mitad de las chicas de nuestra clase estaban locas por él.
-No. No, no. No. Con Ana. He bailado con Ana.
Jorge escupió la coca cola que tenía en la boca.
-Tío, no me tomes el pelo. ¿Dónde estabas?
-Te lo juro, Jorge; me colé entre la gente del corro y bailé con ella. Fue un segundo, pero su mano...y ella, me miró...tiene mi corbata-recordé de pronto.-Jorge, ¡Ana tiene mi corbata!
No sé si fue por la expresión de alucinado que tenía o por la vigorosidad de mis gestos, pero Jorge acabó creyéndome.
-¿Has ido a buscarla?
-Lo he intentado, pero la he perdido. ¿Desde cuándo la conocéis?-pregunté al cabo de un rato.
-Desde que se mudó aquí, hace unas semanas. Vive al lado de mi casa, así que fui el primero en verla. No tardó en correrse la voz y la gente empezó a querer saber de ella. Ahora, todo el mundo ha oído hablar de Ana. Y te juro, David, que lo de esa chica no es normal. No es sólo que sea guapa, es que todo lo que tiene que ver con ella consigue atraerte, es como un imán.
-¿A qué instituto va?-pregunté con un hilo de voz.
-Al Encinar, el que está en la calle de la casa de Dani.
Me quedé callado, escuchando la canción que sonaba en aquel momento.
-Ella no sigue modas... Me encanta esta canción. Vamos a buscar a Julián y a Dani. Tienen que saber lo que te ha pasado.
Mientras seguía a Jorge a través del gentío, debía haber sabido tres cosas. La primera, que me quedaban dos horas para que cerrara la discoteca, por lo que me habría puesto a buscar a Ana en ese mismo momento. Dos, que no iba a encontrarla, y que no me serviría de nada rogarle al de seguridad para que me dejase buscarla el minuto antes de cerrar. Y tres, que aquella noche no iba a pegar ojo. Ni esa, ni las mil siguientes.

En serio, ¿te has planteado escribir una historia larga y mandarla a diferentes editoriales? Se te da genial. Tendrías muchas posibilidades, en serio.
ResponderEliminarMuchas gracias Neila. Me lo he planteado varias veces, de hecho tengo pensado imprimir las historias del blog cuando las termine y pedir opiniones. Gracias por seguirlo y por comentar, significa mucho para mí.
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